Compramos unas sandalias que nos costaron dos dólares cada par. Luego visitamos los alrededores del mercado, donde muchos negocios vendían cuadros, esculturas y libros. Algunos de ellos eran muy hermosos. Tomamos café, jugamos a las cartas y esperamos a nuestro guía turístico. Habíamos reservado un tour con Handspan, así que confiábamos en que aparecería. Al final, el guía era una guía ‘ella,’no ‘él’. Al final del día fuimos a visitar el museo de la guerra de Vietnam. De hecho, se llama museo de la guerra Americana. Le dá a los visitantes occidentales un nuevo punto de vista de los hechos sucedidos hace cuarenta años. |