No podíamos creer cuán difícil resultaba encintrar una habitación decente en este hotel de cuatro estrellas. Fui al mostrador del conserje y me quejé de nuestra habitación, de la actitud y mal servicio de los empleados. Era una mujer muy agradable de 26 años, nativa de esa área, tenía un Inglés perfecto y se le podía entender perfectamente. Nos dijo que nos pongamos zapatos buenos y comenzamos a caminar hacia el valle. Cenamos en un restaurant Chino no lejos de nuestro hotel, pero no era nada bueno. Caminamos de regreso y nos fuimos a dormir temprano. A la mañana siguiente nos buscaron en la calle de los mochileros. |