Allí uno podía conseguir de todo, desde zapatos hasta joyas, desde comida hasta dispositivos eléctricos, como viejos televisores o ventiladores, Dentro del mercado había un terrible olor, así que no nos quedamos. Era una mujer muy agradable de 26 años, nativa de esa área, tenía un Inglés perfecto y se le podía entender perfectamente. Nos dijo que nos pongamos zapatos buenos y comenzamos a caminar hacia el valle. El café no era barato, pero la comida era bastante especial. En la parte trasera había una agencia de turismo, tampoco la más barata, pero era una que daba una impresión de confianza y es por eso que hicimos reservas con ellos. |