Luego de una corta visita guiada, volvimos a recoger nuestro equipaje y partimos hacia el aeropuerto. Cuando el avión despegó ya había anochecido. Nos sorprendió la excelente condición y servicio de la línea aérea. Una vez en el JFK, tenía seis horas de espera entre vuelos. Eso me dio bastante tiempo para pensar si valía la pena volar a Cancún o si era mejor quedarme unos días en NY, esperando que el huracán pasara. Llamé a algunos amigos. Pasamos el resto del tiempo comiendo en buenos restaurantes, haciendo compras, paseando y yendo a bares por la noche. Una de esas noches fuimos a cenar al barrio de Palermo. La cena fue muy agradable. |