Luego de una corta visita guiada, volvimos a recoger nuestro equipaje y partimos hacia el aeropuerto. Cuando el avión despegó ya había anochecido. Nos sorprendió la excelente condición y servicio de la línea aérea. Llamé al Hotel Hilton de La Habana y les pregunté si valía la pena ir, o si me recomendaban posponer mi llegada unos días. Su respuesta fue clara: No venga a menos que sea absolutamente necesario. Una hora más tarde la gente empezó a salir, y no entendíamos muy bien por qué. Toma otro trago, y le pagué al hombre del bar con efectivo. Más tarde me di cuenta que el cambio que me dio era dinero falso. |