La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. Lo primero que quiero decir es que estoy tratando de no llegar a una situación en la que tengo que comer algo que no me gusta. Eso significa que jamás he probado una comida extraña o comida bizarra. Nos quedamos ahí parados en el medio de la noche y en el medio de la nada, sin saber bien qué hacer ni dónde estábamos. Teníamos que encontrar un lugar para dormir. El pueblo no tenía calles asfaltadas. |