A eso de las dos de la tarde llegamos a la atracción principal. Era el mismísimo Angkor Wat. Una vista increíble atrajo nuestras miradas cuando cruzamos las puertas y vimos este magnífico palacio frente nuestro. Llamé al Hotel Hilton de La Habana y les pregunté si valía la pena ir, o si me recomendaban posponer mi llegada unos días. Su respuesta fue clara: No venga a menos que sea absolutamente necesario. Al día siguiente, nos despertamos tarde y disfrutamos de un excelente desayuno en el Hotel Monarca. Luego fuimos a una agencia de viajes local para planificar la siguiente parte de nuestro viaje. |