Valió la pena visitar el cementerio de la Recoleta, aunque por lo general no me gusta quedarme demasiado tiempo en este tipo de lugares. De allí seguimos hasta el mercado, pero nos pareció muy aburrido, y seguimos caminando. Fue una buena forma de comenzar el viaje. Un paseo en ferry a través del hermoso mar, una cerveza en la mano y una aventura desconocida por delante. Tuve que buscar un lugar donde dormir y visité algunos albergues. El conductor del bus conducía muy rápido, y hacía maniobras extremadamente peligrosas. Teníamos mucho miedo, y los otros pasajeros comenzaron a gritar, lo que no ayudó a calmar la situación en lo más mínimo. |