Cuando aterrizamos en la ciudad Ho Chi Minh, me di cuenta de que los edificios, las casas y las estructuras en el aeropuerto tenían una influencia Rusa o comunista: estaba repleto de edificios de cemento, grandes y grises. Llamé al Hotel Hilton de La Habana y les pregunté si valía la pena ir, o si me recomendaban posponer mi llegada unos días. Su respuesta fue clara: No venga a menos que sea absolutamente necesario. Había una banda tocando música peruana mientras esperábamos nuestro equipaje. Se siente inmediatamente la altura: cielos azul oscuro y aire muy fino; no puedes subir las escaleras sin tomar aliento varias veces. |