Allí uno podía conseguir de todo, desde zapatos hasta joyas, desde comida hasta dispositivos eléctricos, como viejos televisores o ventiladores, Dentro del mercado había un terrible olor, así que no nos quedamos. Llegué a la punta sur de la isla y visité el faro. También recuerdo haber visitado unas tortugas o cocodrilos que había cerca de allí. Yo no era la única persona que paseaba por la isla en motocicleta. Este momento hizo que el vuelo y el retraso valieran la pena. Aunque pensábamos que nuestra estadía en Arequipa sería simplemente una parada en nuestro camino a Chile, resultó ser una ciudad encantadora. |