Al mediodía volvimos al pequeño aeropuerto cercano a la ciudad y unos momentos después ya estábamos volando. El vuelo a Saigón, que hoy se llama Ho Chi Minh, fue de aproximadamente una hora de duración. Parece un poco como una olla en la que uno quiere estar feliz y ser rico y disfrutar de su suerte sin importarle los demás, por ejemplo la población está decreciendo (o lo estaba en la última década). A medianoche, luego de tomar una ducha rápida, fuimos a un bar local a comer carne. La comida y el vino eran excelentes. Estábamos felices de haber llegado a este lugar después de un viaje tan largo. |