Le dijimos al taxista el nombre de la calle a la que queríamos ir, y nos llevó hasta allí. Esta vez el lugar sí parecía un hotel de tres estrellas, y reservamos una noche. Me dispuse a pagar al conductor. Me tuve que acostumbrar a manejar la motocicleta y estuve a punto de caerme algunas veces. Conduje por la calle principal y paré en varias aldeas pequeñas cercanas a la playa. Los lugareños era muy amables y serviciales. La gente en las bicicletas seguía pasando alrededor nuestro, aunque estábamos en el medio de la calle. Supuestamente la ciudad tiene más de diez millones de habitantes y más de tres millones de bicicletas. |