La puerta del auto aún estaba abierta, así que no se podía ir. Por suerte, pasaban dos extranjeros y les pedimos que nos ayudaran. Nos pagaron el taxi y nos previnieron, diciendo que estas situaciones eran comunes. Encontramos una solución al problema mediante una contraseña que permite a los profesores y a sus estudiantes trabajar con sus lecciones. Estos profesores tendrían que ingresar la contraseña de las lecciones y seguir utilizándolas. Preguntamos el precio y nos sorprendimos al oírlo: cien dólares por noche, pero nos alegramos al saber que al menos, si no encontrábamos nada más, tendríamos un buen lugar donde quedarnos a pasar la noche. |