Después de cenar caminamos de regreso y vimos algunas tiendas y lugares interesantes en el camino. Todo era bastante impresionante, como siempre cuando uno está en un país nuevo. Entramos al hotel y tomamos el ascensor a nuestra habitación. En el camino de regreso visité un club de playa privado. Sólo quería ver si podía entrar, y no hubo ningún problema. El lugar pertenecía a algún club que quedaba cerca de Cancún, en el continente. Al día siguiente, ya sentíamos que lo peor de las molestias debidas a la altura había pasado, por lo que decidimos tomar un bus local hasta el Valle Sagrado, un punto clave de los asentamientos de la civilización Inca. |