Una vez que llegamos al VIP, de donde se podía ver todo el club (había cerca de 2000 personas adentro), mientras veíamos a los que bailaban y escuchábamos la música, mi esposa se sintió peor, pero no por el vino. Eso fue una coincidencia divertida. Ella me contó de algunas fiestas en la isla. Fui a una de esas fiestas, que tenía lugar en un bar al aire libre. Había muy pocas personas, pero todos nos conectamos. Preguntamos el precio y nos sorprendimos al oírlo: cien dólares por noche, pero nos alegramos al saber que al menos, si no encontrábamos nada más, tendríamos un buen lugar donde quedarnos a pasar la noche. |