 | Volvimos a hablar con la misma gente, y nos estuvimos quejando un poco por el hecho de tener que compartir el barco con setenta pasajeros más, en lugar de tener un corto paseo romántico y privado. En el camino nos encontramos con una simpática niña de la aldea que trató de vendernos algunos recuerdos. Le dijimos que no le compraríamos nada a ella. Su Inglés era excelente, y no podíamos creer que tuviera sólo doce años. En Bariloche, nos llevó unas 3 horas encontrar un buen hotel. Los precios eran muy variados, y bastante caros. Nos decidimos por el Hotel Tirol, que pertenece a una señora austríaca, un lugar bonito con vista al lago. |