 | Para llegar hasta el lago oculto teníamos que remar por debajo de una cueva. Al otro lado de la cueva estábamos los cinco solos. El lago estaba rodeado de montañas de piedra caliza, cubiertas de árboles tropicales. Era una mujer muy agradable de 26 años, nativa de esa área, tenía un Inglés perfecto y se le podía entender perfectamente. Nos dijo que nos pongamos zapatos buenos y comenzamos a caminar hacia el valle. Esa misma noche fuimos a un excelente restaurant en el pueblo (cerca de la calle principal). Conocimos a una pareja de Buenos Aires de unos cincuenta años. Nos contaron muchas cosas interesantes sobre Argentina. |