Después de desayunar, visitamos uno de los mercados más grandes del país. Estaba muy cerca del hotel, y nos sentimos tentados de comprar recuerdos y otras cosas que sabíamos que nunca usaríamos otra vez. Pasamos el día entero sin hacer nada, sólo esperando el autobús nocturno que nos llevaría al área montañosa norte de Vietnam, cerca de la frontera con China. El tren salió alrededor de las diez de la noche. De cualquier modo, cuando regresamos al hotel el portero nos preguntó cómo había salido el partido, y le contestamos que habríamos preferido que nuestro equipo ganara, en lugar de empatar, porque un empate siempre te desilusiona. |