El problema con esa habitación, sin embargo, era que estaba ubicada justo en frente de una obra en construcción, y el ruido era insoportable. Otra vez pedimos cambiarnos y nos dieron otra habitación, esta vez sin ventanas. Fuimos a cenar a un restaurante Hindú, y mi esposa y yo teníamos miedo de que nos haga mal la comida, y nos revuelva el estómago, justo un día antes de tener que tomar el tren de regreso a la capital. El mejor lugar para comer fue, en nuestra humilde opinión, el café Tamarin. La atmósfera era una de mochileros, pero con estilo. La gente estaba allí sentada con sus laptops y libros de guía de turismo. |