Elegimos esa lujosa habitación, pero cuando el payaso en la recepción nos dijo que no la podíamos utilizar a menos que pagáramos una diferencia, decidimos cambiarnos a la segunda mejor habitación, por el precio que habíamos pagado. Fuimos a cenar a un restaurante Hindú, y mi esposa y yo teníamos miedo de que nos haga mal la comida, y nos revuelva el estómago, justo un día antes de tener que tomar el tren de regreso a la capital. Además, me sentía realmente incómodo de que una niña de diez años estuviera remando el bote mientras nosotros estábamos sentados allí como tontos turistas. Me ofrecí a remar y tomé el remo de la niña. Ella se puso contenta. |