El pueblo era pequeño y el gerente del hotel pudo llamar a todas las agencias de taxi. Verificaron con sus radios y una hora después el conductor nos trajo las valijas. No quería que le pagáramos extra, pero insistimos. Me conecté con un grupo de gente y jugamos al volleyball, tomamos unos tragos y me contaron un poco acerca del lugar y del país en general. Retorné al albergue que había elegido anteriormente y tomé una ducha fría. Lamentablemente, nunca he ido a los Estados Unidos. Pero sí estuve de visita en México el año pasado, eso es cerca. Zurich es una ciudad muy bella, la gente es muy amigable y el lago es muy hermoso. |