El hall de entrada, donde se verificaban los pasaportes, estaba renovado y tenía muchos avisos de productos de países occidentales. Cunado lo pasamos y buscamos nuestro equipaje, comenzamos a buscar una forma de llegar a la ciudad. Las madres de mis novias se sentían tan insultadas cuando yo no quería comer su comida. Es decir, al principio yo les gustaba, pero una vez que veían mis hábitos alimenticios, todo cambiaba. Creo que lo arruiné todo. Pensamos que la culpa era del sandwich que habíamos comido en Bolivia el día anterior. Mi esposa se sintió muy débil, y tuvo que quedarse en el hotel durante dos días enteros, sintiéndose muy mal. |