Nos sentimos un poco tontos y esperamos a que el agua se calentase. La caldera parecía no funcionar y comenzamos a ponernos de mal humor. Le pedimos al técnico que regrese y admitió que había cometido un error. Por suerte para él, su esposa lo defendió y explicó que era torpe y que cosas así le pasarían todo el tiempo. De cualquier modo, no era de nuestra incumbencia. Todos cenamos después y nos fuimos a dormir. El no entendió lo que quisimos decir, ya que dijo que nuestro equipo había ganado 2 a 1. Ahí me di cuenta de que me había perdido un gol cuando estaba en el baño, y mi esposa se había olvidado de decírmelo. |