Nuestro día llegó a su fin, y Samu nos llevó de vuelta al hotel. Accedimos a salir a con el una vez más y eso fue camino al aeropuerto. Llevábamos su número de celular con nosotros por las dudas que lo necesitáramos. Así que puedes ver que el problema es puramente psicológico. No es que no me gusta, es más bien un problema de que me estoy imaginando lo que estoy comiendo. Siempre trato de pensar en el animal vivo. En Bariloche, nos llevó unas 3 horas encontrar un buen hotel. Los precios eran muy variados, y bastante caros. Nos decidimos por el Hotel Tirol, que pertenece a una señora austríaca, un lugar bonito con vista al lago. |