La gente del mercado sabía regatear el precio, y uno casi no tenía oportunidad de bajar los precios drásticamente. Compramos unas tazas para café expresso que estaban talladas y pintadas con pinturas locales. El ferry me llevó a la isla. Sentado al lado mío iba un señor del lugar con dos paquetes de cerveza, y parecía bastante borracho para esta hora del día. Me ofreció algo de cerveza y yo fui muy amable con él. Acabo de escribir un artículo larguísimo para el blog, pero me llevó tanto tiempo que mi cuenta se desconectó. No tengo ganas de volver a escribirlo, así que pospongo el blog hasta la semana próxima. |