El joven conductor del taxi nos llevó a la ciudad y empezamos a buscar un lugar donde alojarnos. Elegimos un nombre de la guía, le indicamos la dirección al conductor y llegamos dos minutos más tarde. Para ser honestos, no entendimos ni una palabra de lo que estaba diciendo, por que su Inglés era malísimo. O quizás el problema era su acento, muy difícil de entender. Para nosotros, estaba hablando en Chino. Afortunadamente, contra lo que esperábamos, había asientos disponibles, por lo que cambiamos las reservas para ese mismo día. Nuestro destino era El Calafate, al sur de la Patagonia, para ver los glaciares. |