Allí uno podía conseguir de todo, desde zapatos hasta joyas, desde comida hasta dispositivos eléctricos, como viejos televisores o ventiladores, Dentro del mercado había un terrible olor, así que no nos quedamos. Fue una buena forma de comenzar el viaje. Un paseo en ferry a través del hermoso mar, una cerveza en la mano y una aventura desconocida por delante. Tuve que buscar un lugar donde dormir y visité algunos albergues. Finalmente, el taxi nos dejó también en su hotel (Hotel Monarca): tres estrellas, habitaciones disponibles, agua caliente, un desayuno pasable, Internet gratis y todo eso por $2 más que nuestro otro hotel. |