 | A eso de las dos de la tarde llegamos a la atracción principal. Era el mismísimo Angkor Wat. Una vista increíble atrajo nuestras miradas cuando cruzamos las puertas y vimos este magnífico palacio frente nuestro. En el camino de regreso visité un club de playa privado. Sólo quería ver si podía entrar, y no hubo ningún problema. El lugar pertenecía a algún club que quedaba cerca de Cancún, en el continente. Como mi mujer es agente de viajes, y sabe que en algunos casos la gente no se presenta a su vuelo, decidimos tomar un taxi al aeropuerto de todas formas. Estaba a unos 5 kilómetros de la frontera. |