Temprano a la mañana, antes de ir al aeropuerto, fuimos a una agencia de viajes de la compañía aérea Vietnamita para evitar posibles problemas al entrar al país. Nos aseguraron que todo iba a estar bien. Llegué a la punta sur de la isla y visité el faro. También recuerdo haber visitado unas tortugas o cocodrilos que había cerca de allí. Yo no era la única persona que paseaba por la isla en motocicleta. En lugar de comprarle, le regalamos nuestros chocolates suizos para que nos dejara en paz. Y funcionó: el niño pasó a la siguiente pareja de turistas en el bar y trató de venderles el chocolate suizo por 2 pesos. |