Al llegar a la puerta, salteándonos la fila, empezamos a hablar con un hombre de Nueva York, y por casualidad descubrimos que tenía muy buenas conexiones con gente del club y nos podía ayudar a entrar. Parece un poco como una olla en la que uno quiere estar feliz y ser rico y disfrutar de su suerte sin importarle los demás, por ejemplo la población está decreciendo (o lo estaba en la última década). A la noche nos quedamos en la habitación y vimos una vieja película de James Bond. El segundo día fuimos hasta el barrio de Bellavista y comimos en un restaurant chino, ya que se supone que el arroz es bueno en estos casos. |