Aunque la guía de turismo mencionaba un hotel de tres estrellas, ni siquiera tuvimos que entrar al lobby para saber que no dormiríamos allí. Elegimos otro de los hoteles recomendados y nos fuimos en el taxi. Me tuve que acostumbrar a manejar la motocicleta y estuve a punto de caerme algunas veces. Conduje por la calle principal y paré en varias aldeas pequeñas cercanas a la playa. Los lugareños era muy amables y serviciales. El conductor del bus conducía muy rápido, y hacía maniobras extremadamente peligrosas. Teníamos mucho miedo, y los otros pasajeros comenzaron a gritar, lo que no ayudó a calmar la situación en lo más mínimo. |