Como de costumbre, tuvimos problemas con el hotel. Llegamos a medianoche y al ver la habitación mi esposa decidió que no dormiríamos allí. Tenía razón, era un lugar sin ningún tipo de atmósfera. Hablé con la amiga de mi hermana y me dijo que podía quedarme en su casa cuando quisiera. Después jugué al Galaga en una de las computadoras de allí y avancé a uno de los niveles superiores del juego. Decidimos caminar de regreso y explorar la ciudad de a pie. Era difícil cruzar las calles ya que había una infinita circulación de motos y bicicletas. Uno sólo tenía que entrar a la calle y cruzarla. |