El amigable dueño del hotel nos recomendó un restaurant fuera del centro, así que caminamos unos 20 minutos en la noche fría junto con la otra pareja. Éramos los únicos comensales en ese restaurant. Luego salimos a tomar unos tragos en un bar cercano al hotel. La mayor parte de la gente en el bar eran extranjeros. En realidad, pensamos que había varios occidentales que vivían en la ciudad, lo que daba origen a esta mezcla. Era increíble ver cómo diferentes pueblos en distintas partes del mundo adoran a sus dioses de distinta manera. Realmente disfrutamos estar allí y percibimos la atmósfera mística que nos rodeaba. |