Al llegar a la puerta, salteándonos la fila, empezamos a hablar con un hombre de Nueva York, y por casualidad descubrimos que tenía muy buenas conexiones con gente del club y nos podía ayudar a entrar. Había grandes cantidades de personas en esta área, y realmente tuvimos que esforzarnos para movernos entre la ellas. Tomamos algunas cervezas y un par de vasos de vino, y totalmente borracha, Lili decidió que tenía que regresar. En Pisac, visitamos el mercado, que seguramente alguna vez fue auténtico, pero que hoy está completamente dirigido a los turistas. De todas formas lo disfrutamos, comimos maíz fresco y compramos un gorro de lana abrigado. |