En el camino de vuelta recuerdo que vimos una película sobre Diego Armando Maradona en el reproductor de DVD portátil del auto. Hablaban de él como de un santo. Lo tomé como una buena preparación para Buenos Aires. Algunas de las personas me habían invitado a cenar con ellas, y yo acepté de buen grado. Pronto descubrí que iban a cenar en su propio apartamento y a cocinar ellos mismos. Me encontré pelando patatas crudas. Fuimos de vuelta a la ciudad y esta vez nuestro conductor manejó incluso más alocadamente. Rezamos para que termine el viaje. Arribamos sanos y salvos dos horas después y volvimos a nuestra casa sin siquiera quejarnos. |